Principales errores y aciertos de un orador


Hablar en público es un acto que a muchos se les da tan natural como caminar, a otros se les dificulta más, sin embargo lo trabajan hasta lograr resultados casi perfectos; y en otros casos, simplemente hablar en público puede llegar a ser un tormento.

El arte de la oratoria es más que necesario en cualquier ámbito de la vida, pues ofrece múltiples beneficios comunicativos que repercuten en acciones y decisiones que definen el rumbo laboral y personal. Aquellos que lo dominan se caracterizan por comunicar su mensaje de manera clara, precisa y concisa, lo cual significa llevar a cabo una comunicación eficiente y por consiguiente, mayores y mejores oportunidades de relacionarse con los demás.

Aquellos otros a quienes se les presentan mayores dificultades para expresarse en público, cuentan con malos hábitos como usar muletillas o mover las manos y el cuerpo de manera insistente. Los hábitos son rutinas, formas de pensar, sentir o comportarse que suceden de manera inconsciente (Smith, 2014). De tal modo que al hablar en público, no se piensa con anticipación en qué momentos usar las muletillas o cuándo es el momento preciso para jugar con la tapa de una pluma.

Llegar a ser un buen orador, se logra mediante práctica y trabajo, por lo que el primer paso para mejorar es identificar los malos hábitos y acciones que afectan una presentación:

Leer diapositivas

Alguien que basa su presentación entera en leer de principio a fin sus diapositivas refleja muchas carencias entre las cuales, las más graves son la falta del dominio del tema y falta de conexión con su público. Uno como oyente, ¿para qué se molestaría en escucharlo si es más fácil leer por cuenta propia la presentación?

Usar muletillas

Como bien dice su nombre, las muletillas son palabras o sonidos que sirven como apoyo para ocultar inseguridad o complementar los espacios vacíos al momento de hablar. Se pueden encontrar en cualquier parte del discurso, y en un inicio pueden pasar casi inadvertidas, sin embargo cada vez son más y más evidentes, hasta llegar al punto de ensuciar el mensaje (CCH, 2015). Existen muchos ejemplos, dentro de los cuales, los más comunes pueden ser el uso de la palabra ‘no’ al terminar cada oración; sonidos como ‘mmm’, ‘eeh’ o carraspear; o bien repetir ‘este’.

Mal uso del movimiento

No saber aprovechar el espacio alrededor y los movimientos del cuerpo va desde dos polos opuestos: manteniéndose estático en una sola posición o mover insistentemente el cuerpo. Ya sea recargándose en una pared o contra un escritorio o bien balanceándose sobre los talones, y moviendo las manos y los dedos constantemente, el lenguaje corporal dice mucho sobre el estado de ánimo y las actitudes que del presentador.

Cualquier persona puede padecer alguno de los vicios anteriores, pero no significa que sea un mal permanente. ¿Qué se puede hacer para corregir los malos hábitos y dar una buena presentación? Como bien se mencionaba al principio, el primer paso para mejorar una presentación es identificar las fallas y actuar con la intención de corregirlas.

Dominar el tema

Ante todo, lo más importante es dominar el tema que se esté tratando. Si no se conoce al 100% la temática de la que se habla, por muy buen orador que alguien sea, es difícil que transmita el mensaje y la vibra a sus oyentes. Por otra parte, no saber de lo que se está hablando da lugar a rellenar los espacios vacíos de la presentación con cualquiera de los vicios mencionados. Saber del tema ayudará a concentrar la atención en el contenido de la presentación, dando prioridad a la información y no a distractores.

Práctica, práctica, práctica

Bien se dice que ‘la práctica hace al maestro’. En este punto, conocer el tema no es suficiente, también se debe saber cómo y a quién se le va a exhibir la información. Ensayar un par de veces antes ayudará a tener una idea del ritmo, la fluidez y el tiempo que se tomará para la presentación. Además, se podrá prever fallas y corregirlas en tiempo, para entregar una exposición pulcra. de tal modo que se refleje confianza en el tema y en uno mismo.

Reflejar confianza

Para este punto, es más fácil decir que hacer, pues la confianza no es algo que se pueda mostrar con tanta sencillez. Para poder reflejar confianza, primero se debe tenerla y para poder conseguirla, se deben dominar los dos puntos anteriores. La preparación es clave, pues marca una pauta desde la que de manera individual se tiene control de los elementos de la presentación y al sentirse en control, se puede transmitir confianza, que a fin de cuentas ayudará a conectar con el público y conseguir el fin primordial: transmitir el mensaje.

Los principios que forman a un buen orador son la consciencia, el conocimiento y la constante adaptación. Transmitir un mensaje no sólo queda en decirlo, sino en cómo se dice, es decir que el medio por el cual se emite el mensaje debe concordar con su contenido. Hablar en público no es sólo para algunos, es para todos los que estén dispuestos a la autocrítica y al cambio.

Referencias

CCH. (2015). Portal Académico CCH. Recuperado en Octubre de 2016, de Muletillas: http://portalacademico.cch.unam.mx/alumno/tlriid1/unidad1/expresionOral/Muletillas

DeCastro, M. (5 de Octubre de 2016). Public Speaking: The Antidote to Bad Habits. Recuperado en Octubre de 2016, de Business 2 Community: http://www.business2community.com/communications/public-speaking-antidote-bad-habits-01669534#erZlzwRjLgJqfDqY.97

Smith, J. (9 de Junio de 2014). 10 Public Speaking Habits To Avoid At All Costs. Recuperado en Octubre de 2016, de Business Insider: http://www.businessinsider.com/10-public-speaking-habits-to-avoid-2014-6

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