La identidad nacional en Rio 2016


Contrastando la última justa olímpica en Río de Janeiro y la de Londres de 2012, el sentimiento nacionalista mexicano se vio terriblemente afectado por la gran falta de medallas. Engrandecidos con la ilusión de repetir los logros de hace cuatro años, tanto la delegación olímpica como el pueblo mexicano pensábamos que era posible refrendar los títulos tanto en futbol como en tiro con arco. Sin embargo, la hazaña no se cumplió al ser descalificados en la fase de grupos en el balompié y el tiro con arco por equipos.

Si bien hace cuatro años el sentimiento nacionalista estaba a tope, después de dos medallas de plata y una de bronce en clavados; una de plata y una de bronce en tiro con arco; un bronce en taekwondo y un cierre con broche de “oro” para el futbol, hoy se puede decir que los resultados de los mexicanos en Río disminuyeron a 5 medallas; 2 de bronce y 3 de plata.

Tal desilusión se vio reflejada en las redes sociales, que explotaron contra los atletas; en un inicio criticando la habilidad deportiva, el atractivo visual, y culminando en críticas para el Comité Olímpico Mexicano y la Comisión Nacional del Deporte. El amor por nuestro país se vio apagado poco a poco por los acontecimientos en tierras cariocas.

Pero, ¿por qué las competencias deportivas tienen tanto peso en cuanto al sentimiento por una nación?

El deporte hoy en día tiene un significado mayor en cuanto a temas relacionados con lo social, la cultura y la economía, por lo que las victorias deportivas internacionales muestran un impacto para la formación de identidades nacionales (Pérez, 2013).

Los deportes al igual que las guerras son una ocasión para la confrontación; sin embargo, en los primeros, la confrontación es pacífica, sin daños (al menos no a propósito), que permiten la canalización de energías sociales y rivalidades entre conjuntos en un espacio regulado por reglas e interventores (Rionda, 2013). Esta clase de confrontaciones, en un principio no son hechas por el simple placer de hacerlas, sino que existe un trasfondo de querer demostrar ‘algo’. Demostrar quién es el más fuerte, el más veloz, el más hábil, aquel que sobresalga de los demás, aquel que se distinga al ser único e inigualable por sus capacidades físicas.

Las competencias deportivas – sobre todo las justas olímpicas – son hechas con la intención de enaltecer, y admirar las hazañas físicas (en ocasiones sobre humanas) que los atletas realizan. Es por eso que en sucesos como los oros de María del Rosario Espinoza y Guillermo Pérez en Pekín 2008, el oro de Soraya Jiménez en Sydney 2000, y el oro en futbol en Londres 2012 – por mencionar los más recientes – nos causan tanto orgullo, pues mostraron al mundo de lo que 22 mexicanos son capaces.

El furor y la emoción que causa ver a alguien que comparte nuestra nacionalidad se vuelve inspirador, a tal grado de crear semilleros de futuros campeones olímpicos, como es el caso de los corredores de Kenia y Etiopía; países que no sólo dominan en el atletismo por cuestiones físicas, sino también por cultura. Jóvenes que deciden ser atletas lo hacen gracias al impacto que atletas como Kenenisa Bekele o Tirunesh Dibaba tienen sobre ellos (Bures, 2016).

Afortunadamente, en los últimos días de la segunda semana de los olímpicos se ganaron cinco medallas, dos de las cuales provenían de disciplinas en donde se tenía presupuestado al menos una medalla: clavados y taekwondo. La delegación mexicana cerró su participación en los juegos olímpicos con dos bronces, uno de Misael Rodríguez en boxeo, y el otro en Pentatlón moderno con Ismael Hernández; y con tres platas, – que por cierto las tres se perdieron ante un atleta de origen chino – en marcha para Lupita González, clavados para Germán Sánchez y la ya aclamada María del Rosario Espinoza, quien consiguió su tercer presea en Juegos Olímpicos.

Si bien, los resultados alcanzaron a brillar en los últimos momentos de la justa olímpica, vale la pena analizar cuáles fueron los aciertos y desaciertos tanto de los directivos deportivos mexicanos como de los atletas. La experiencia vivida en Río, será muy valiosa para la cita dentro de cuatro años en Tokio 2020; cada hazaña, cada experiencia y el gran esfuerzo de todos los participantes deben ser ese impulso que necesite un joven, para decidir convertirse en un próximo medallista olímpico mexicano. Y para aquellos que no tuvieron los resultados esperados, o que se quedaron al borde por una medalla, no deben desanimarse, pues su trabajo también se ve reflejado en los miles de jóvenes que pueden alcanzar a inspirar, que esa proeza sea suficiente motivación para no dejar de trabajar y poner en alto su nombre, así como el de su nación.

Referencias

Bures, F. (11 de Agosto de 2016). Corriendo en círculos en torno nuestro: puede que la ventaja de los atletas olímpicos africanos no sea solo física . Recuperado el Agosto de 2016, de Scientific American Español: http://www.scientificamerican.com/espanol/noticias/corriendo-en-circulos-en-torno-nuestro-puede-que-la-ventaja-de-los-atletas-olimpicos-africanos-no-sea-solo-fisica/

Pérez, C. (26 de Marzo de 2013). Deporte e identidad nacional. Recuperado el Agosto de 2016, de Hoy digital: http://hoy.com.do/deporte-e-identidad-nacional/

Rionda, L. M. (21 de Octubre de 2013). El deporte: ¿identidad nacional o negocio? Recuperado el Agosto de 2016, de Es Lo Cotidiano: http://www.eslocotidiano.com/opinion/luis-miguel-rionda/deporte-identidad-nacional-negocio/20131021084853005917.html

Imagen:

http://www.morethanjustsports.com/resumen-del-mexico-v-brasil-en-la-final-de-londres-2012-11082012video-hd/

http://mexico.as.com/mexico/2016/08/21/masdeporte/1471794979_718616.html

#México #Rio2016 #medallas #orgullo

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